“Ojerosa y Pintada” (Augustin Yanez)

Presentacion y resumen

Escrita en 1960, esta novela se divide en tres partes: Cuesta arriba, Parteaguas y Cuesta abajo. En epigrafe esta puesto una cita del poema de Ramon Lopez Velarde, Suave patria. Esta referencia anuncia el aspecto muy patriotico de la historia y el lugar que elegio Yanez para el accion, la capital de México, el DF.

En Ojerosa y pintada, la trama gira en torno a un día en la vida de un chofer de taxis en el DF. Cada capitulo corresponde a un nuevo cliente. El libro es un fiel reflejo de la vida agitada que existe hoy en las grandes urbes. En su recorrido de 24 horas el protagonista prinicipal llevara a muchas personas, todas diferentes, con sueños, miedos y perfiles que en nada se parecen al del pasajero anterior. Asi, Yanez alcanzo a hacer un album de retratos que representa la diversidad y la realidad social de una ciudad tan grande como la de Mexico, DF.

  Comentario de la novela

« La vida en la ciudad de México » es el subtitulo de esta novela que trata del tema muy importante en la obra de Yañez “el pais y la gente”. Efectivamente, como a traves de un kalidoscopio, vemos los mas diversos aspectos de la vida en la ciudad. Es en esta novela que se admira mas la capacidad de sintesis del autor, que en rapidas pinceladas nos da idea del caracter, oficios, aspiraciones, grandezas y miserias de los habitantes de la gran urbe. El realismo y la veracidad con que esta escrita nos sumerge en el ambiente citadino.

La novela esta dividida en tres partes que simbolizan las etapas de la vida del hombre : « Cuesta arriba », « Parte-aguas » y « Cuesta abajo ». En un lapso de veinticuatro horas, Yañez nos conduce desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por todas las edades, por todas las posibilidades que ofrece la vida. De manera simbolica, la novela empieza con el nacimiento de un bebe y se cierra con la muerte de un revolucionario. Por eso y con el hecho de que dure 24 horas la historia, se puede decir que esta novela es circular. Sin embargo, cabe notar una cierta unidad en el tiempo y en el lugar. Nada mas los personajes cambian y se suceden.

« A la vista de la pareja disminuyo la velocidad ». Asi empieza la novela. Entonces, desde la primera frase, que indica un inicio in medias res, estamos en el taxi. El automovil es para el autor un magnifico observatorio desde el cual nos introduce en las mas diversas circunstancias del destino humano. Pasan ante nuestros ojos ricos y pobres, luchadores y aventureros, jovenes y viejos, quienes se han enseñoreado de la ciudad y tienen en ella profundo arraigo y aquellos que recien llegan en pos de su conquista ; unos la domeñeran, otros se perderan en sus laberintos. Efectivamente, a lo largo de la paginas el autor nos ofrece varios retratos : del nino muy pobre que ni puede pagar el taxista al grupo de artistas intelectuales.

Yanez utiliza en gran mayoria el discurso directo para dejar expresarse los personajes. Entonces, se nota en cada manera de hablar una clase social diferente. Para dar este efecto Yanez utiliza el idioma propio a cada clase social. Su manera de escribir quiere acercarse de la realidad social. Se puede notar que Yanez busco un estilo muy refinado y al utilisar muchos dialogos en Ojerosa y pintada alcanzo a una economia de la narracion.

La profunda desigualdad social se pone de manifiesto en este desfile, en el que vemos pasar a los que poseen todo y a los desheredados que carecen de lo mas indispensable. La obra esta llena de pasajes emotivos, enternecedores o fuertemente dramaticos, asi como de otros alegres, ligeros como corresponde a la descripcion de seres tan heterogéneos como son los que pululan por la gran ciudad. Esta lectura nos deja un sabor amargo como la realidad que nos ofrece.

// Ramon Lopez Velarde, Suave patria

PROEMIO

Yo que sólo canté de la exquisita
partitura del íntimo decoro,
alzo hoy la voz a la mitad del foro
a la manera del tenor que imita
la gutural modulación del bajo
para cortar a la epopeya un gajo.

Navegaré por las olas civiles
con remos que no pesan, porque van
como los brazos del correo chuan
que remaba la Mancha con fusiles.

Diré con una épica sordina:
la Patria es impecable y diamantina.

Suave Patria: permite que te envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste por entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.

PRIMER ACTO

Patria: tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.

El Niño Dios te escrituró un establo
y los veneros del petróleo el diablo.

Sobre tu Capital, cada hora vuela
ojerosa y pintada, en carretela;
y en tu provincia, del reloj en vela
que rondan los palomos colipavos,
las campanadas caen como centavos.

Patria: tu mutilado territorio
se viste de percal y de abalorio.

Suave Patria: tu casa todavía
es tan grande, que el tren va por la vía
como aguinaldo de juguetería.

Y en el barullo de las estaciones,
con tu mirada de mestiza, pones
la inmensidad sobre los corazones.

¿Quién, en la noche que asusta a la rana,
no miró, antes de saber del vicio,
del brazo de su novia, la galana
pólvora de los juegos de artificio?

Suave Patria: en tu tórrido festín
luces policromías de delfín,
y con tu pelo rubio se desposa
el alma, equilibrista chuparrosa,
y a tus dos trenzas de tabaco sabe
ofrendar aguamiel toda mi briosa
raza de bailadores de jarabe.

Tu barro suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es alcancía;
y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos se vacía
el santo olor de la panadería.

Cuando nacemos, nos regalas notas,
después, un paraíso de compotas,
y luego te regalas toda entera
suave Patria, alacena y pajarera.

Al triste y al feliz dices que sí,
que en tu lengua de amor prueben de ti
la picadura del ajonjolí.

¡Y tu cielo nupcial, que cuando truena
de deleites frenéticos nos llena!

Trueno de nuestras nubes, que nos baña
de locura, enloquece a la montaña,
requiebra a la mujer, sana al lunático,
incorpora a los muertos, pide el Viático,
y al fin derrumba las madererías
de Dios, sobre las tierras labrantías.

Trueno del temporal: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas,
oigo lo que se fue, lo que aún no toco
y la hora actual con su vientre de coco.
Y oigo en el brinco de tu ida y venida,
oh trueno, la ruleta de mi vida.

INTERMEDIO

(Cuauhtémoc)

Joven abuelo: escúchame loarte,
único héroe a la altura del arte.

Anacrónicamente, absurdamente,
a tu nopal inclínase el rosal;
al idioma del blanco, tú lo imantas
y es surtidor de católica fuente
que de responsos llena el victorial
zócalo de cenizas de tus plantas.

No como a César el rubor patricio
te cubre el rostro en medio del suplicio;
tu cabeza desnuda se nos queda,
hemisféricamente de moneda.

Moneda espiritual en que se fragua
todo lo que sufriste: la piragua
prisionera , al azoro de tus crías,
el sollozar de tus mitologías,
la Malinche, los ídolos a nado,
y por encima, haberte desatado
del pecho curvo de la emperatriz
como del pecho de una codorniz.

SEGUNDO ACTO

Suave Patria: tú vales por el río
de las virtudes de tu mujerío.
Tus hijas atraviesan como hadas,
o destilando un invisible alcohol,
vestidas con las redes de tu sol,
cruzan como botellas alambradas.

Suave Patria: te amo no cual mito,
sino por tu verdad de pan bendito;
como a niña que asoma por la reja
con la blusa corrida hasta la oreja
y la falda bajada hasta el huesito.

Inaccesible al deshonor, floreces;
creeré en ti, mientras una mejicana
en su tápalo lleve los dobleces
de la tienda, a las seis de la mañana,
y al estrenar su lujo, quede lleno
el país, del aroma del estreno.

Como la sota moza, Patria mía,
en piso de metal, vives al día,
de milagros, como la lotería.

Tu imagen, el Palacio Nacional,
con tu misma grandeza y con tu igual
estatura de niño y de dedal.

Te dará, frente al hambre y al obús,
un higo San Felipe de Jesús.

Suave Patria, vendedora de chía:
quiero raptarte en la cuaresma opaca,
sobre un garañón, y con matraca,
y entre los tiros de la policía.

Tus entrañas no niegan un asilo
para el ave que el párvulo sepulta
en una caja de carretes de hilo,
y nuestra juventud, llorando, oculta
dentro de ti el cadáver hecho poma
de aves que hablan nuestro mismo idioma.

Si me ahogo en tus julios, a mí baja
desde el vergel de tu peinado denso
frescura de rebozo y de tinaja,
y si tirito, dejas que me arrope
en tu respiración azul de incienso
y en tus carnosos labios de rompope.

Por tu balcón de palmas bendecidas
el Domingo de Ramos, yo desfilo
lleno de sombra, porque tú trepidas.

Quieren morir tu ánima y tu estilo,
cual muriéndose van las cantadoras
que en las ferias, con el bravío pecho
empitonando la camisa, han hecho
la lujuria y el ritmo de las horas.

Patria, te doy de tu dicha la clave:
sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;
cincuenta veces es igual el AVE
taladrada en el hilo del rosario,
y es más feliz que tú, Patria suave.

Sé igual y fiel; pupilas de abandono;
sedienta voz, la trigarante faja
en tus pechugas al vapor; y un trono
a la intemperie, cual una sonaja:
la carretera alegórica de paja.