“Balún Calán” (Rosario Castellano)

La obra “Balún Calán”

Su obra trata temas políticos y es una reflexión crítica de patrones establecidos. Rosario se levanta contra la situación opresiva y injusta de la mujer y de los indios en la sociedad mexicana y dedicó una gran parte de su obra a la defensa de los derechos de los desprotegidos. Por este labor es reconocida como una de las pioneras del feminismo latinoamericano y como portavoz de la gente orillada y marginada.[1]

En la mayoría de sus trabajos Rosario traza el devenir de dos tipos de relaciones conflictivas: las que existen entre indígenas y blancos y entre mujeres y hombres.

“La escritora deja hablar a sus personajes, registra sus sufrimientos – que sean del indio o de la mujer – […] sin caer en la victimología fácil.”[2]

También sus propios sentimientos se reflejan en sus escritos:

En 1957 Castellanos publicó su primera novela Balún Canán, considerado como una novela indigenista con tintes autobiográficos, “donde la autora recupera, a través de la memoria, un pasado añorado a la vez que doloroso; su niñez entre dos mundos antagónicos que, no obstante, están en contacto: el de los blancos terratenientes y el de los indígenas”.[3]

Balún Canán expone diversas temáticas como el mundo indígena con su cosmovisión, el destino y la situación de las mujeres y el enfrentamiento entre la cultura india y la cultura blanca. En esta novela Rosario Castellanos digere y retoma el tema de su infancia en Comitán, sus experiencias de niña discriminada frente a su hermano y la muerte trágica de su hermano.

 Balún Canán es el antiguo nombre maya del lugar donde hoy se encuentra Comitán de Domínguez en el Estado de Chiapas a 90 kilómetros de la frontera con Guatemala y significa “Los Nueve Guardianes” refiriéndose a los cerros que rodean la ciudad de Comitán. [4]

La narrativa se ubica claramente tanto en el espacio como en el tiempo. La novela se desarrolla en Comitán y sus alrededores y relata ciertas experiencias de la infancia de la autora como los conflictos raciales y sociales causados de las reformas legislativas bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río (Presidente de México de 1934-1940) como la reforma agraria, el movimiento anticlerical, la apertura de escuelas rurales para indígenas y la exegencía de salarios mínimos e igualdad ante la ley.

La novela desarrolla los efectos de esta transformación política en la vida de la familia Argüello, una familia tradicionalista y conservadora. César Argüello es un terrateniente y una persona soberbia y rígida. Él y su esposa Zoraida tienen dos hijos: Mario, el siempre privilegiado varón, y una niña.[5]

En dos de las tres partes de las que se compone la novela, la voz narrativa es de esa hija de César Argüello, una niña de siete años, sin nombre conocido para el lector.

La niña observa y describe lo que sucede a su alrededor con una mirada crítica. El tiempo que utiliza ese “yo” es el presente. La segunda parte es contado por un narrador a la manera tradicional, omnisciente.

En la novela los rancheros como Cesar Argüello son los que mandan y poseen y se consideran los dueños de la tierra. Para los blancos “los indios” no son iguales a ellos, subestiman los conocimientos y la sabiduría de los indígenas, los desprecian y los maldicen. Cesar Argüello y los otros finceros se oponen a las medidas impuestas por el gobierno a favor de los indígenas y cuando las cumplen, lo hacen de manera tramposa.

Los sucesos enfrentan a la familia con una crisis, que se manifiesta en las amenazas de reforma agraria y la actitud cada vez más rebelde de los indios. La lucha de poderes consta de la implementación o no implementación de las leyes de Cárdenas.

La identidad y las vivencias de la narradora de Balún Canán se desarrolla a partir de su emplazamiento en el mundo de los “indios” (por su cercanía emocional a la nana), en el de los “blancos” (por nacimiento) y, dentro de éste último, en el de las mujeres. Como miembro del grupo de los opresores, la niña se inicia en los ritos católicos, pero paralelamente, comparte la cosmovisión indígena en que la educa su nana.

 La novela se abre con la relación entre la niña blanca y su nana indígena. Desde el principio se nota la diferencia entre sus culturas, su lenguaje y su visión del mundo.

Cuando la niña describe a su nana dice:

“Es india, está descalza y no usa ninguna ropa debajo de la tela azul del tzec. No le da vergüenza. Dice que la tierra no tiene ojos.”[6]

La niña mantiene una relación afectiva y profunda con su nana. Solidaria con la nana, se indentifica con el mundo de los indígenas. Es un proceso de la toma de conciencia de la niña respecto a lo que su padre representa:

“Mi padre despide a los indios con un ademán y se queda recostado en la hamaca, leyendo. Ahora lo miro por primera vez. Es el que manda, el que posee. Y no puedo soportar su rostro y corro a refugiarme en la cocina.” (p. 16).

 Sin embargo, la identificación de la niña con el mundo de los indígenas no es total o coherente que se nota en la siguiente situación:

“ […] Las criadas salen de las casas y compran un vaso [de leche]. Y los niños malcriados, como yo, hacemos muecas y la tiramos sobre el mantel.

–          Te va a castigar Dios por el desperdicio – afirma la nana.

–          Quiero tomar café. Como tú. Como todos.

–          Te vas a volver india.

Su amenanza me sobrecoge. Desde mañana la leche no se derramará.” (p. 10).

Es la voz de la nana indígena que abre el libro, contándole a la niña, en primera persona del plural, la pérdida de la palabra:

-…Y entonces, coléricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que habíamos atesorado: la palabra, que es el arca de la memoria. Desde aquellos días arden y se consumen con el leño en la hoguera. Sube el humo en el viento y se deshace. Queda la ceniza sin rostro. Para que puedas venir tú y el que es menor que tú y les baste un soplo, solamente un soplo…” (p. 9).

 De estas frases de la nana podemos inferir que se está refiriendo a la supresión violenta de la cultura, de la lengua y de la cosmovisión de los indígenas que llevaron a cabo los colonizadores. Es evidente que quienes “desposeyeron” a los indios fueron los ancestros de la niña.

Pero la niña interrumpe el relato mítico de la nana:

            “- No me cuentes ese cuento, nana.” (p. 9).

La nana contesta:

“- ¿Acaso hablaba contigo? ¿Acaso se habla con los granos de anís?” (p. 9).

Este diálogo muestra ya la confrontación de poderes, del mundo de los propietarios blancos y el de los indios, de mundos originalmente separados y enfrentados por una historia de violencia y abuso. Nos vamos dando cuenta que ambas, la niña y su nana, son seres “entre dos mundos”. “Estos dos personajes femeninos sin nombre llevarán la carga de ser discriminadas incluso en su propio contexto. La niña por serlo, y la nana por ayudar y querer “a los que mandan”(p. 16).”[7]

La niña no tiene identidad, ni un nombre. Es despreciada y abandonada por sus padres ya que toda su atención se fija en el varón. Se siente solitaria y desplazada por su hermano.

Un día la nana pronostica la muerte de uno de los hijos de la familia:

“Hasta aquí, no más allá, llega el apellido de Argüello. Aquí, ante nuestros ojos, se extingue.” (p. 226).

 La reacción de la madre a esta noticia funesta es:

“- Si Dios quiere cebarse en mis hijos… ¡Pero no en el varón! ¡No en el varón!” (p. 246).

 Pero nada puede hacer Zoraida, la medicina y la religión católica asisten impotentes a la misteriosa enfermedad de su hijo. La muerte de Mario es incontenible.

La niña se siente culpable por la muerte de su hermano y al final de la novela se queda sola y aturdida con una fuerte sensación de culpa:

“Cuando llegué a la casa busqué un lápiz. Y con mi letra inhábil, torpe, fui escribiendo el nombre de Mario. Mario, en los ladrillos del jardín. Mario en las paredes del corredor. Mario en las páginas de mis cuadernos.

Porque Mario está lejos. Y yo quisiera pedirle perdón.” (p. 286).


[1] Cf. Rollason, Christopher: Mujer que sabe latín: Rosario Castellanos, embajadora de México y de Chiapas, p. 1: http://www.seikilos.com.ar/RosarioCastellanos.pdf

[2] ibídem: p.6.

[3] http://goliath.ecnext.com/coms2/gi_0199-8555937/50-a-os-de-Bal.html

[4] Cf. Rollason, Christopher: Mujer que sabe latín: Rosario Castellanos, embajadora de México y de Chiapas, p. 2: http://www.seikilos.com.ar/RosarioCastellanos.pdf

[5] Cf. Ibídem: p. 2.

[6] Todas las citas de la novela remiten a la siguiente edición:

Castellanos, Rosario: Balún Canán. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica (2007), aquí p. 10.

Las citas se identifican por la página correspondiente de esa edición.

[7] Santiago Torre, Ricardo: Los valores de la feminidad en Balún Canán de Rosario Castellanos, p. 187: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2565579

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